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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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viernes, 26 de mayo de 2017

NOVENA AL DIVINO ESPÍRITU SANTO

La novena cuenta con aprobación otorgada en Marzo de 1931 por Mons. Manuel José Caicedo Martínez, Arzobispo de Medellín (Colombia). Las meditaciones insertas en el original fueron tomadas del libro Oficios de la Iglesia: con la explicación de las ceremonias de la Santa Misa, impreso en Madrid, año de 1853, sin compilador conocido.

NOVENA AL DIVINO ESPÍRITU SANTO
  
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Antífona: Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
℣. Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
℟. Y renovarás la faz de la tierra.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
HIMNO Veni Creátor Spíritus
Ven, creador Espíritu,
De los tuyos la mente a visitar;
A encender en tu amor los corazones
Que de la nada plúgote crear.
  
Tú que eres el Paráclito,
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, amor y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
 
Tú, septiforme en dádivas,
Tú, dedo de la diestra Paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar.
  
Con tu luz ilumina los sentidos,
Los afectos inflama con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
 
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro guía,
Toda culpa logremos evitar.
 
Denos tu influjo conocer al Padre,
Denos también al Hijo conocer;
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
 
A Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito,
De siglos en la eterna sucesión. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume todas las debilidades y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaba a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo, ven y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo, mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén. (San Agustín, Meditaciones, cap. IX).
 
DÍA PRIMERO
MEDITACIÓN: “¿Qué debo hacer para hallarte, Dios mío?
¿Qué debo hacer para hallarte, oh Dios mío, a ti que eres mi verdadera vida? Buscarte a ti, es buscar la vida bienaventurada. ¡Plegue a tu misericordia inspirarme el deseo de buscarte siempre!, porque, así como mi alma es la vida de mi cuerpo, del mismo modo tú, Señor, eres la vida de mi alma.
 
Oh verdad, luz de mi corazón, sé tú la que me conduzca, y no mi propio espíritu, que no es más que tinieblas. Me he dejado arrastrar al torrente de las cosas que pasan, y pronto se halló mi inteligencia cubierta de una profunda noche. Mas en este estado de oscuridad no he dejado de amarte; en mi extravío me he acordado al fin de ti. He oído a lo lejos tu voz que me llamaba. Apenas ¡ay! la he oído, a causa del ruido que mis pecados hacían en mi corazón. Sin embargo, la seguí al fin, y heme que vuelvo fatigado, sediento y jadeando a la fuente vivificante que eres tú mismo, oh Dios mío. ¡Haz que nadie me impida apagar la sed en esas aguas celestiales! ¡Que beba en ellas, para recobrar la vida; porque cuando vivía mal, me di la muerte a mí mismo. Yo no puedo vivir sino en ti solo, oh Dios mío! (San Agustín, Confesiones, Libro 10 cap. XVII y XX; Libro 12, cap. X).
 
SECUENCIA Veni, Sancte Spíritus
Ven, oh Santo Espíritu,
Y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
 
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
 
¡Oh luz dichosísima!
Llena lo más íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
Inculpable ni justo puede haber.
  
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
 
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Amén.
 
MAGNÍFICAT
Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava; y he aquí que todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su Nombre es santo. Y su misericordia se propaga de generación en generación sobre los que le temen.
 
Desplegó el poder de su brazo: y disipó los designios del corazón de los soberbios. Derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
 
Levantó a Israel su siervo, acordándose de su misericordia: según había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
MEMORÁRE
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro, ha sido abandonado. Animado de esta confianza, ¡oh Virgen de las vírgenes!, vengo a ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me prosterno a tus plantas. ¡Oh Madre del Verbo!, no desprecies mis oraciones, sino escúchalas favorablemente, y dígnate acogerlas. Amén.
 
Rezar siete Padrenuestros, con Avemarías y Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Señor, abre mis ojos
¡Oh luz que veía Tobías, cuando con los ojos cerrados le enseñaba a su hijo el camino de la vida inmortal; luz que veía Isaac en su corazón cuando, oscurecidos los ojos del cuerpo, contaba a su hijo las cosas futuras; luz que veía Jacob cuando, instruido interiormente, predecía a sus hijos los secretos del porvenir; luz invisible para la que están descubiertos los abismos del corazón! Yo sé que las tinieblas se esparcen por las profundidades de mi inteligencia; pero tú eres luz; yo sé que espesa oscuridad se levanta sobre las aguas de mi corazón, pero Tú eres verdad.
 
Oh Verbo, por quien todo ha sido hecho y sin el cual nada recibe la vida; Verbo, que eres ante todo y sin el cual todo estaba en la nada; Verbo, que gobiernas todo y sin el cual todo vuelve a caer en la confusión; Verbo, que dijiste al principio: «Hágase la luz, y la luz fue hecha» (Génesis I, 3); dime a mí también «Hágase la luz», y la luz será hecha, y veré la luz, y reconoceré mis tinieblas; porque sin ti tomamos la luz por las tinieblas y las tinieblas por la luz. Sí, sin ti, no hay verdad, sino error; sin ti no hay orden ni prudencia, sino confusión; no hay ciencia sino ignorancia; no hay vista clara, sino ceguedad del corazón; no hay camino recto, sino extravío y emboscadas; no hay vida, sino muerte.
 
Oh luz venturosa, tú no puedes ser vista sino de los corazones puros. «¡Bienaventurados los corazones puros, porque verán a Dios!» (Mateo V, 8). Lávame, virtud purificante; cura mis ojos a fin de que puedan contemplarte. Esplendor inaccesible, haz que un rayo de tu luz eche abajo las escamas de mi antigua ceguedad. Te doy gracias, oh Dios, porque ya veo: ¡dilata mi vista, Señor, dilátala en ti! ¡Corre el velo a mis ojos para que considere las maravillas de tu ley! Gracias te sean dadas, ¡oh luz mía!, porque ya veo, aunque todavía como en un espejo y en enigma. ¿Cuándo te veré frente a frente? ¿Cuándo vendrá ese día de alegría y de gloria en que entre en tu admirable santuario, en que sea saciado mi deseo y vea al que siempre me ha visto? (San Agustín, Soliloquios, cap. III y XXXIV).
 
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
 
DÍA TERCERO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: Quiero conocerte, oh Dios mío
Quiero conocerte, oh Dios mío, a ti que me conoces hasta el fondo de mi corazón. Quiero conocerte, fuerza de mi alma. Muéstrate a mí, consolador mío; ven, plenitud de mi espíritu; quiero verte, luz de mis ojos, quiero hallarte, supremo objeto de mi deseo; ¡quiero poseerte, amor de mi vida, eterna belleza! ¡Consérvete siempre en el fondo de mi corazón, vida bienaventurada y soberana dulzura! Haz que te ame, Dios mío, Criador y refugio mío, dulce esperanza mía en todos mis males. Goce yo de ti, perfección divina, sin la cual nada hay perfecto. Abre las profundidades de mi oído a tu palabra, «más penetrante que una espada cortante» (Hebreos IV, 12), y haz que oiga tu voz. Alumbra mis ojos, luz incomprensible, a fin de que deslumbrados con el brillo de tu gloria, no puedan ver ya las vanidades.
  
Dame, Señor, un corazón que piense en ti, un alma que te ame, un espíritu que se acuerde de tus maravillas, una inteligencia que te comprenda, una razón que esté siempre adherida fuertemente a ti. Oh vida, por quien todo respira; vida que me das el ser; vida que eres mi vida, sin la cual yo muero, sin la cual caigo en la aflicción; vida dulce, vida suave, vida siempre presente a mi memoria, ¿dónde estás? ¿Dónde te hallaré, para que me deje a mí mismo, y no viva más que en ti? (San Agustín, Soliloquios, cap. I).
   
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Te he amado demasiado tarde
Te he amado demasiado tarde, belleza siempre antigua y siempre nueva: ¡Te he amado demasiado tarde! Tú estabas dentro y yo fuera, y aquí era donde te buscaba. Tú estabas conmigo, y no estaba contigo, y tus obras, que sin ti no habrían existido, me retenían lejos de ti. Daba vueltas alrededor de ellas buscándote; pero deslumbrado por ellas, me olvidaba a mí mismo. Pregunté a la tierra si era mi Dios, y me respondió que no, y lodos los seres que están en ella me hicieron la misma confesión. Interrogué a todas las criaturas y me respondieron: “nosotros no somos tu Dios; búscale sobre nosotras”. Y yo volví a mí, entré dentro de mí mismo, y me dije: “¿y tú quién eres?” yo me respondí: “soy un hombre racional y mortal”.
  
Y comencé a discutir lo que esto significa. Profundicé desde más cerca la naturaleza del hombre, y dije: “¿de dónde viene tal ser? Señor mi Dios, ¿de dónde viene, sino es de Ti? Tú eres quien me ha formado, y yo no me he formado a mí mismo. ¿Quién eres tú, por quien todo vive? ¿Tú, por quien yo vivo? ¿Quién eres tú, mi Señor y mi Dios, único poderoso, único eterno, incomprensible, inmenso, que siempre vives, y en quien nada muere? ¿Quién eres tú, y qué eres para mí? Dilo, oh misericordia mía, dilo a tu pobre siervo. Dilo en nombre de tu bondad, ¿qué eres Tú para mí? Di a mi alma: Yo soy tu salud. No me ocultes tu rostro, no sea que muera. Déjame dirigirme a tu clemencia, a mí que no soy más que tierra y ceniza. Déjame hablar a tu misericordia, pues ella ha sido grande sobre mí. Dime, responde, oh misericordia mía, en nombre de tus bondades, ¿qué eres Tú para mí?” Y he aquí que has hecho resonar hasta mí una gran voz en el fondo de mi corazón y has roto mi sordera. Me has iluminado y he visto tu luz, y he comprendido que eres mi Dios, he aquí por qué Te he conocido.
   
Sí, Te he conocido, y he sabido que eres mi Dios. He creído que eres el verdadero Dios, y que el que has enviado es el Cristo. Mal haya el tiempo en que no te conocí, mal haya esa ceguedad que me impedía verte; mal haya esa sordera en la que no te oía. Te he amado demasiado tarde, belleza siempre antigua y siempre nueva. ¡Te he amado demasiado tarde! (San Agustín, Soliloquios, cap. XXXI y Confesiones, Libro 10 cap. VI).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Mora con nosotros, Señor
Sí, «quédate con nosotros, Señor, porque el día baja y se hace ya tarde» (Lucas XXIV, 29). Las olas de las tribulaciones han subido hasta nosotros; las alegrías del fervor se han cambiado en suspiros, y el soplo de las tentaciones ha removido nuestra alma hasta en sus íntimos pliegues. «Quédate con nosotros», oh tú, paz, refugio y consuelo de los corazones atribulados. Nuestros ojos te imploran, y nuestra alma alterada suspira por ti. «Quédate con nosotros», no sea que nuestra caridad se entibie y nuestra luz se extinga en la noche; porque «el día baja y se hace ya tarde».
  
Ya ha llegado la tarde de mi vida: ya mi cuerpo cede a la violencia de los dolores; la muerte me cerca, mi conciencia se turba, tiemblo al pensamiento de tu juicio, Señor. «Se hace tarde, el día declina; quédate con nosotros». «En tus manos entrego mi espíritu» (Lucas XXIII, 46). En ti solo está mi salud; hacia ti solo sé levantar mis miradas. «Quédate con nosotros», a fin de que emancipándose el alma en la tarde de la vida por medio del fervor del yugo de las tribulaciones, le preparen la oración y el amor una dulce hospitalidad en el seno de Dios. (San Bernardo, en Tesoro de los Santos).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Oh Dios mío, ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos
Oh Señor y Dios mío, cuán grande es la petición que te hago cuando te pido que ames a los que no te aman; que abras a los que no llaman a tu divina puerta, y que sanes a los que no solamente tienen gusto en estar enfermos, sino que trabajan por aumentar sus enfermedades. Tú has dicho, Dios mío, que viniste al mundo a buscar a los pecadores: estos son, Señor, los verdaderos pecadores. No consideres su ceguedad; considera solamente la sangre que tu Hijo derramó por nuestra salvación. Ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos, y puesto que no quieren ir a ti, ve tú mismo a ellos, oh Dios mío.
   
Oh verdaderos cristianos, llorad con vuestro Dios; las lágrimas que derramó no fueron solamente por Lázaro, sino también por todos aquellos de quienes Él sabía que no querían resucitar cuando los llamase en voz alta para que saliesen de sus sepulcros.
 
Oh Jesús, ¡cuán presentes tenías entonces todos los pecados que he cometido contra ti! Mas haz que cesen, Dios mío, haz que cesen, así como los de todo el mundo. Salvador mío, sean tus gritos tan poderosos que den la vida a estos desgraciados, aunque no te la pidan, y los hagan salir del abismo tan profundo de sus funestas delicias. Lázaro no te pidió que lo resucitaras; tú hiciste ese milagro en favor de una mujer pecadora. Aquí tienes una, Señor, que lo es mucho más. Muestra, pues, la grandeza de tu misericordia; yo te la pido, aunque miserable, para los que no quieren pedírtela. Yo te la pido en su nombre con la seguridad de que esos muertos resucitarán tan pronto como comiencen a volver en sí mismos, a conocer su miseria y a volver a tu gracia. (Santa Teresa, Meditaciones 8, 9 y 10 después de la Comunión).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Yo no veo en mí más que imperfección
Oh Dios de mi alma, vos que tanta compasión y amor tenéis por ella, habéis dicho: «Venid a mí, venid vosotros que estáis abrumados de trabajo y de pena, y yo os aliviaré; venid todos los que tenéis sed, y yo os la apagaré». Oh vida que dais la vida a todos, fuente celestial de la gracia, no me neguéis esa agua tan dulce que prometéis a todos los que la desean. Yo la deseo, Salvador mío, yo la pido, y acudo a vos para recibirla de vos.
 
Pero, oh Señor y Dios mío, ¿cómo la que tan mal os ha servido y no ha sabido conservar lo que le habéis dado, puede tener el atrevimiento de pediros favores? ¿Quién puede fiarse de una persona que tantas veces le ha vendido? ¿Qué puede pediros una criatura tan miserable como yo?
 
¡Bendito sea eternamente el que me da tanto y a quien doy tan poco! Porque, ¿qué os da, Señor, una persona que no renuncia a todo por vuestro amor? ¿Y no estoy infinitamente distante de haberlo hecho? Yo no veo en mí más que imperfección, ni más que cobardía por tu servicio, y a veces quisiera ver perdido el sentimiento para no saber hasta dónde llega el exceso de mi miseria. Vos solo, Señor, sois capaz de remediarla; así os lo suplico; no me neguéis esta gracia, oh Dios mío. (Santa Teresa, Meditaciones 2, 8 y 5 después de la Comunión).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Oh Dios, cuán pobre es mi alma
Oh Dios, ¡cuán pobre es mi alma! Es una verdadera nada de donde sacas poco a poco el bien que quieres derramar en ella: no es más que un caos antes de que tú comiences a poner en claro todos sus pensamientos. Tú comienzas por la fe a introducir en ella la luz, la cual, sin embargo, es imperfecta hasta que la has formado por la caridad, y hasta que Tú, verdadero sol de justicia, tan ardiente como luminoso, la abrasas con tu amor. Oh Dios, loado seas siempre por tus propias obras. No basta haberme iluminado una vez: sin tu socorro vuelvo a caer en mis primeras tinieblas; porque el sol mismo es siempre necesario al aire que ilumina, a fin de que permanezca iluminado. ¿Cuánta mayor necesidad no tendré yo de que no ceses de iluminare, y digas siempre «Hágase la luz»?
  
Luz eterna, yo te adoro, yo abro a tus rayos mis ojos ciegos: los abro y los cierro al mismo tiempo, no atreviéndome ni a apartar mis miradas de ti, por temor de caer en el error ni en las tinieblas; ni tampoco a fijarlos demasiado sobre ese brillo infinito, por temor de que «escrutador» temerario de la majestad, no sea yo «deslumbrado por la gloria» (Proverbios 25, 27). (Santiago Benigno Bossuet, Elevaciones del alma a Dios sobre todos los Misterios de la Religión cristiana, Tercera Semana, Meditaciones 6 y 7).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: Oh Espíritu, Tú no puedes hallar nada más pobre ni más abandonado que mi corazón
Señor, ¿dónde está tu Espíritu, que debe ser el alma de mi alma? No lo siento, no lo encuentro. Yo no experimento en mis sentidos más que fragilidad, ni en mi espíritu más que disipación y mentira, ni en mi voluntad más que inconstancia, repartida entre tu amor y mil vanas diversiones. ¿Dónde, pues, está tu Espíritu? ¿Por qué no vienes a crear en mí un corazón nuevo según el tuyo? Oh Dios mío, comprendo que tu Espíritu se digne habitar en esta alma empobrecida, siempre que se abra a ti sin tasa y sin medida. Ven, pues, ¡oh Espíritu!; Tú no puedes hallar nada más pobre, más despojado, más desnudo, abandonado y débil que mi corazón. ¡Oh Espíritu! ¡Oh amor! ¡Oh verdad, que eres mi Dios!, ámame, glorifícate a ti mismo en mí. (Francisco Fénelon, Pláticas de afecto, plática 15).
 
Las demás oraciones se rezarán todos los días.

jueves, 25 de mayo de 2017

DE LA COBARDÍA DE LOS EUROPEOS A LA TANATOCRACIA MUNDIALISTA

Por Armando Robles para ALERTA DIGITAL.
  
 
   
Lamento la nueva masacre terrorista en suelo inglés, pero también lamentablemente hace tiempo que dejó de indignarme este incesante reguero de víctimas europeas. Cuando el hombre que esto escribe era sólo un niño, había un compañero de colegio permanentemente objeto de las chanzas de un pendenciero de su misma edad. La actitud acobardada del alumno provocó el envalentamiento del otro. Y así fue que las chanzas dieron paso a las zurras y después a las somantas. Así todos los días. Un día le pregunté al infeliz por qué prefería ser humillado a defenderse. Me respondió: “Si no le provoco se terminará cansando de mí”. No recuerdo si entonces lo mandé a tomar por donde amargan los pepinos, que es justamente donde hoy quiero mandar a los europeos.
 
Y es que los europeos, y muy particularmente los británicos, están tan acostumbrados a encajar golpes procedentes de los de siempre, están tan resignados a su autodestrucción, están tan abducidos por la propaganda bobalicona de la corrección política, permanecen tan indiferentes ante el drama que se ciñe sobre sus cabezas, están tan resueltos a seguir confiando en quienes les han colocado en la diana de los matarifes, que al final han terminado sacando de mí el instinto de la indiferencia tras matanzas como la de Manchester. Sé que no es una actitud demasiado cristiana, pero nunca aspiré a la santidad ni no soy yo quien está provocando todo este dolor estéril.
    
El brutal atentado de Manchester nos confirma lo que este medio y sus colaboradores llevan años lamentando: que pese al cúmulo de víctimas registradas y las que están por llegar, los europeos ya han aceptado la inmolación como el precio a pagar por la islamización programada del viejo continente. No es descabellado afirmar que todo lo que estamos viendo parece más fruto de una pesadilla, y que los europeos, y muy especialmente los del Reino Unido, han decidido no despertar de ese mal sueño. No puedo sentir dolor por un pueblo que prefiere su propia destrucción a liberarse de las cadenas del pensamiento único. No puedo compadecerme de las víctimas del terrorismo islámico cuando muchas de esas víctimas han aceptado voluntariamente los planes eugenésicos de la oligarquía mundialista de cara a nuestra aniquilación colectiva. No puedo sentir empatía por los destinatarios de una violencia que ellos mismos han alimentado cada vez que votaban a unos dirigentes tan o más responsables del atentado de Manchester que el propio terrorista suicida. No puedo apiadarme de un pueblo que hoy mismo no ha sido capaz de correr a bastonazos a los que mantuvieron oculta durante horas la obediencia islámica del terrorista, o a los que han escrito que la mayoría de las muertes en Manchester fueron consecuencia de las avalanchas.
  
Lo paradójico ha sido esta vez el escenario elegido por los terroristas. Nos hemos cansado de señalar, aún a riesgo de las consecuencias legales que en Europa tiene llamar a las cosas por su nombre, que el terrorismo islámico está siendo regado con la corrupción moral de los europeos, con su renuncia a los valores que nos hicieron ser la punta de lanza de la humanidad, con su desapego a cualquier idea trascendente, con su desestimiento hacia cualquier cosa que no haya sido patentada por los amos mundialistas del momento. Todo lo que le gusta hoy a una mayoría de británicos es depravado, inmoral o engorda (por algo el Reino Unido es el destino preferido de los pijoprogres españoles). Los islamistas han elegido esta vez un concierto de música pop-rock, un sistema de programación mental de masas. La mayoría de los asistentes eran jóvenes y adolescentes. Raro sería que alguno de ellos supiera quiénes fueron Horacio Nelson, Oliver Cromwell, Enrique V, Arthur Wellesley, Isaac Newton, Ricardo Corazón de León, Robin Longstride o Boudica, la heroína de los británicos y pesadilla de Roma. Por eso no perderé el tiempo apelando a un orgullo encerrado bajo llaves. No perderé el tiempo suplicando a los ingleses otra respuesta que no sean los peluches y las velas. Ni tampoco concibiendo la mínima esperanza de que las cosas cambien.
  
Tras el islamismo, la segunda ideología perversa que amenaza a Europa es el “antinosotrosmismos”. La primera la padecemos, la segunda la cultivamos. El resultado de su combinación es que Europa, de nuevo, parece más que dispuesta a claudicar de sus principios civilizadores y a dar paso nuevamente a una nueva tiranía en su territorio. Mientras nos callan la boca a punta de pistola, los valientes intelectuales europeos dirán que se autocensuran por tolerancia; se autoinculparán de todos los males del pasado, mirando hacia Europa, increparán a los patriotas, recitarán loas a la multiculturalidad, proclamarán la imperativa necesidad del mestizaje y nos recordarán la retahíla de siempre: los autores del atentado no son musulmanes, el islam en una religión de paz, se trata de un caso aislado
 
No estoy tan seguro de quién es el responsable de tanto odio hacia nosotros mismos. No estoy seguro de quiénes han sido los inductores de este proceso de transformación de Europa en una especie de kashba argelina. No puedo creer que la casta europea esté tan ciega que le impida ver el problema que ha creado. Sí creo que Europa, o sucumbe y desaparece, o está abocada a una nueva guerra en su territorio. A ese dilema la habrá conducido su dirigencia política y económica, los chamberlaines democráticos de nuevo cuño, los apologistas del cambio de clima moral, los gurús del antirracismo, los amanuenses de la mundialización, los ingenieros del cambio social, los prosélitos de la multicultura, los Don Oppas de cada casa.
   
Primero llegó la célebre ‘fatua’ a Salman Rushdie por sus “Versos Satánicos”; después siguieron los ataques en discotecas y pubs en el Reino Unido; más tarde, la cívica Holanda se despertó horrorizada por el asesinato de Theo Van Gogh, el cineasta que se atrevió a filmar a una mujer velada con versos del Corán grabados en su cuerpo; meses después, a la coautora del filme, la parlamentaria de origen somalí A. Hirsi, le fue retirada la nacionalidad holandesa por declarar que las mujeres islámicas estaban sojuzgadas; posteriormente, las caricaturas del Profeta en un diario danés sirvieron de “casus belli” para quemar embajadas e iglesias. Ciudades como Malmö, París, Ámsterdam, Oslo, Amberes y Copenhague se despertaron un día horrorizadas al no reconocerse en el espejo de la multiculturalidad, tal falso como esos espejos cóncavos de feria que distorsionan la realidad. El mismo día en que moría Oriana Fallaci, el Papa Benedicto XVI entraba en la lista negra. La crónica diaria de sucesos en las principales ciudades europeas ustedes la conocen a través de medios como éste.
    
La tragedia actual de Europa no puede superarse con paños calientes ni con propuestas aliancistas: no cabe con ellos alianza alguna ni hay cúpula en el mundo capaz de hacerles reflexionar. La solución es seguir las mismas pautas que se seguiría con una fiera salvaje y asesina: vencerla primera y alejarla para siempre de nuestro espacio de convivencia.
  
No va a ser fácil. A los progresistas europeos parece importarles más la “convivencia” entre culturas que la libertad de expresión; han preferido durante años atacar a los cristianos que afrontar el más importante desafío de impedir que una mordaza, en vez de un telón de acero, vaya cayendo sobre lo que queda de Europa.
  
A los familiares de las víctimas del atentado de Manchester, mi pésame por el suceso, pero también mi reconvensión: si se liberaran por unos minutos del control mental que en ellos ejerce la propaganda mundialista, para mirar sin miedo en el espejo de sus almas, sin el eco trémulo de la telebasura ni de las falsas condolencias de los políticos, percibirían con nitidez el reproche más severo por no haber defendido como ingleses de otra época lo que hoy tienen que llorar como derrotados y lamentables europeos de la nuestra.
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BREVE “Próvida Matris Charitáte”, SOBRE LA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es la fuente de la maravillosa unidad que vemos en la Iglesia Católica, en la cual personas de diferentes culturas, diferentes idiomas y diferentes historias se unen en la única y verdadera Fe, en la misma Santa Misa, en los mismos sacramentos”. (Padre Casimir Puskorius, CMRI)
 
Por primera vez presentamos la traducción al Español de un documento papal sobre la devoción al Divino Espíritu Santo, el Παράκλητος (Defensor, sostenedor) que Jesús prometiera a los Apóstoles como garante de la indefectibilidad de la Iglesia Católica, y que sobre ellos descendió el 15 de Mayo del año 33. Esta traducción la realizamos con dos propósitos: el primero, como presentación de la Novena en honor al Espíritu Santo que publicaremos el día de mañana, que ofreceremos por la unidad del Remanente Católico. Y segundo, en protesta contra la falsa devoción que tristemente vemos esparcirse en muchos lugares por causa del fenómeno “carismático” protestante-conciliar.

BREVE “Próvida Matris Charitáte”, SOBRE LA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO
   
A todos los fieles que lean la presente carta, Salud y Bendición Apostólica
  

Sumamente digno de providente caridad maternal es el voto que la Iglesia nunca deja de presentar a Dios, a fin que en el pueblo cristiano, dondequiera se encuentre, “una sea la fe en las mentes, una la piedad en las obras”. Del mismo modo, Nos, que, como ejercitamos en la tierra las veces del Divino Pastor y Nos empleamos en imitar su ánimo, igualmente no dejamos en ninguna manera de alimentar tal propósito entre las gentes católicas; y ahora con mayor celo nos comprometemos en los pueblos que ya por largo tiempo y con gran deseo la Iglesia misma está reclamando a sí. En verdad es bien conocido, y cada día se hace más manifiesto, de dónde habíamos obtenido principalmente la inspiración y atendíamos los desarrollos para estos nuestros propósitos y Nuestros empeños: sin duda de Aquél que con buen derecho es invocado como Padre de las misericordias, y que ilumina las mentes y benignamente doblega la voluntad ante la salvación.
  
Ciertamente no puede escapar a los católicos cuan grande es el valor y la importancia de estas Nuestras iniciativas; de hecho, de ellas depende, unidamente al engrandecimiento del honor divino y a la gloria del nombre cristiano, la salvación eterna de muchísimas almas. Si los mismos católicos quisieran meditar estas cosas con el debido espíritu religioso, ciertamente probarían en sí más poderosamente el estímulo y la llama de aquella caridad suprema la cual, por gracia de Dios, no retrocede nunca y todo intenta en favor de los hermanos. Así habrá, como Nos vivamente deseamos, que los católicos prontamente se unan a Nos, no solo en la confianza de un buen suceso, sino también en el aporte de la búsqueda de cualquier posible ayuda; ante todo de aquella que desciende de Dios por obra de humilde y santa oración.
   
A este oficio de piedad ningún tiempo parece más adecuado que aquel en el cual ya los Apóstoles, después de la ascensióne del Señor al cielo, se recogieron “perseverando unánimes en oración con María, la Madre de Jesús” (Actas 1, 14), esperando “la virtud prometida de lo alto” y los dones de todos los carismas. En el augusto Cenáculo, para el misterio del adveniente Paráclito, la Iglesia, que ya estaba concebida por Cristo, con Su muerte nació como impulsada por un soplo divino: había comenzado felizmente su misión entre todas las gentes para conducirla a la única nueva fe de la vida cristiana. En breve tempo se siguieron copiosos y relevantes frutos, entre los cuales aquella suma unión de voluntad nunca suficientemente recomendada como ejemplo: “La multitud de los creyentes era un solo corazón y una sola alma” (Actas 4, 32).
 
Por tal motivo habíamos considerado oportuno excitar con Nuestra exhortación y con Nuestra invitación la piedad de los católicos, a fin de que, según el ejemplo de la Virgen Madre y de los Santos Apóstoles, en la inminente novena en preparación a la solemnidad del sagrado Pentecostés, quieran concordes y con extraordinario ardor dirigirse a Dios, insistiendo en la súplica: “Envía, Señor, tu Espíritu, y todo será creado: y renovarás la faz de la tierra”.
 
En verdad es lícito esperar grandísimos y salubérrimos bienes de Aquel que es Espíritu de la verdad, revelador de los misterios divinos en las Sagradas Escrituras, consuelo a la Iglesia con su perpetua presencia; de Él, como viva fuente de santidad, las almas, regeneradas en la divina adopción de hijos, crecen admirablemente y se perfeccionan para la eternidad. De hecho, de la multiforme gracia del Espíritu derivan perennemente en esa luz divina y ardiente, medicina y fuerza, consolación y paz, y la voluntad para todo bien y la fecundidad de obras santas. En fin, el mismo Espíritu opera talmente con su virtud en la Iglesia que, como de este místico cuerpo la cabeza es Cristo, así Él con idónea similitud se puede decir que sea el corazón: de hecho “el corazón tiene sobre ellos una influencia oculta. Y por este motivo se compara al Espíritu Santo con el corazón” (Santo Tomás de Aquino. Suma teológica, Parte III, cuestión octava, art. 1,3).
  
Puesto que Él es esencialmente caridad y a Él en modo remarcable se atribuyen las obras de amor, es de esperar intensamente que por obra suya —frenado el creciente espíritu del error y de la malicia— se hagan más estrechos y se mantenga el consenso y la unión de las alas, como corresponde a los hijos de la Iglesia. Hijos que, según la exhortación del Apóstol, no deben nunca obrar litigiosamente, sino tener un mismo modo de sentir y unánimes en el mismo vínculo de caridad (Filipenses 2, 2-3); y así, siendo perfecta Nuestra alegría, hagan, por tanto, más seguira y floreciente la sociedad civil. Por este ejemplo de cristiana concordia entre los católicos, por este religioso compromisoo de orar al divino Paráclito se puede esperar grandemente que se promueva la reconciliación de los hermanos disidentes, de los cuales hemos cuidado particularmente, a fin de que ellos sientan igualmente los sentimientos “que tuvo Cristo Jesús” (Filipenses 2, 5), participando un día con Nosotros en la fe y la esperanza, estrechados por los dulcísimos vínculos de la perfecta caridad.
 
Además de las ventajas que ciertamente por esta piedad los fieles recibirán de Dios, aquellos que respondan con plena disponibilidad a Nuestras exhortaciones, gustaríamos acrecentar el tesoro de la Iglesia, el preio de las sagradas Indulgencias.
 
Por tanto, a los fieles que durante nueve días seguidos, antes de Pentecostés, cada día dirigieren con devoción, sea en público, sea en privado, oraciones particulares al Espíritu Santo, concedemos para cada día una indulgencia de siete años y otras tantas cuarentenas; e Indulgencia plenaria una sola vez en cualquiera de los dichos días, o en el mismo día de Pentecostés, o en uno de los días de la octava, siempre que confesados y comulgados oraren según Nuestra intención arriba expresada. Además de esto, concedemos también a quienes, por su piedad, rezaren nuevamente en las mismas condiciones en los ocho días siguientes de Pentecostés, que puedan lucrar de nuevo las mismas indulgencias. También declaramos y decretamos que dichas indulgencias pueden aplicarse en sufragio de las Benditas Ánimas del Purgatorio, y que valdrán también para los años venideros, salvo cualquier prescripción de costumbre y de derecho.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, a 15 de Mayo del año 1895, 18º de nuestro Pontificado.
  
LEÓN PP. XIII

miércoles, 24 de mayo de 2017

HALLAZGO Y TRASLACIÓN DE LAS RELIQUIAS DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Tránsito de Santo Domingo de Guzmán
 
Doce años habían pasado desde la muerte de Santo Domingo. Dios había manifestado la santidad de su Siervo por multitud de milagros obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Se veían sin cesar enfermos, alrededor de la losa que cubría sus restos, pasar allí el día y la noche, y volver glorificándolo por su curación. De las paredes próximas colgaban exvotos en recuerdo de los beneficios que de él habían recibido, y no se desmentían con el tiempo los signos de veneración popular. Con todo, una nube cubría los ojos de los Hermanos, y mientras que el pueblo exaltaba a su Fundador, ellos, sus hijos, en vez de preocuparse por su memoria, parecían trabajar en oscurecer su brillo. No sólo dejaban su sepultura sin adomo, sino que, por temor a que se les acusara de buscar una ocasión de lucro en el culto que ya se le daba, arrancaban de los muros los exvotos. Algunos deploraban esta conducta, pero sin atreverse a contradecirla de plano. Se dio el caso de que, creciendo el número de los Hermanos, se vieron obligados a demoler la vieja iglesia de San Nicolás para edificar una nueva, y quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies. Este espectáculo conmovió a algunos de ellos, que deliberaban entre sí sobre la ma¬nera de trasladar aquellas preciosas reliquias a un sepulcro más conveniente. Prepararon un nuevo sepulcro, más digno de su Padre, y enviaron a varios de ellos a visitar al soberano Pontífice para consultarle. Ocupaba el solio pontificio el anciano Hugolino Conti con el nombre de Gregorio IX. Recibió muy duramente a los enviados, y les reprochó haber descuidado por tanto tiempo el honor debido a su Patriarca. Les dijo: «Yo conocí en él a un hombre seguidor de la norma de vida de los Apóstoles, y no hay duda de que está asociado a la gloria que ellos tienen en el cielo» (1). Hasta quiso asistir en persona al traslado; mas, impedido por los deberes de su cargo, escribió al arzobispo de Rávena que fuese a Bolonia con sus sufragáneos para asistir a la ceremonia.
  
Era Pentecostés de 1233. Se había reunido Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia, sucesor inmediato de Santo Domingo en el generalato.
 
Estaban en la ciudad el arzobispo de Rávena, obedeciendo a las órdenes del Papa, y los obispos de Bolonia, Brescia, Módena y Tournai. Habían acudido más de trescientos religiosos de todos los países. Los hostales rebosaban de señores y ciudadanos notables de las ciudades vecinas. Todo el pueblo estaba en expectación. «No obstante —dice el Beato Jordán—, los Hermanos estaban intranquilos: oran, palidecen, tiemblan, porque temen que el cuerpo de Domingo, expuesto largo tiempo a la lluvia y al calor en una vil sepultura, aparezca comido de gusanos, exhalando un olor que disminuyese la opinión de su santidad» (2). Atormentados por este pensamiento, pensaron abrir secretamente la tumba del Santo; pero Dios no permitió que así fuese. O porque hubiese alguna sospecha, o para comprobar más la autenticidad de las reliquias, el Podestá de Bolonia mandó que día y noche guardaran el sepulcro caballeros armados. Sin embargo, a fin de tener más libertad para el reconocimiento del cuerpo, y evitar en el primer momento la confusión de la muchedumbre llegada en masa a Bolonia, se convino en abrir el sepulcro de noche. El 24 de mayo, lunes de Pentecostés, antes de la aurora, el arzobispo de Rávena y los demás obispos, el Maestro General con los definidores del Capítulo, el Podestá de Bolonia, los principales señores y ciudadanos, tanto de Bolonia como de las ciudades vecinas, se reunieron, a la luz de las antorchas, en tomo de la humilde piedra que cubría hacía doce años los restos de Santo Domingo. En presencia de todos, fray Esteban, provincial de Lombardía, y fray Rodolfo, ayudados por otros varios hermanos, empezaron a quitar el cemento que sujetaba la losa. Por su dureza, difícilmente cedió a los golpes del hierro. Cuando le hubieron quitado, fray Rodolfo golpeó la mampostería con un martillo, y con ayuda de picos levantaron penosamente la piedra que cubría la tumba. Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto: era un aroma que nadie pudo comparar a cosa conocida, que excedía a toda imaginación. El arzobispo, los obispos y cuantos estaban presentes, llenos de estupor y alegría, cayeron de rodillas, llorando y alabando a Dios. Acabaron de quitar la piedra, que dejó ver en el fondo el ataúd de madera que contenía las reliquias. En la tabla de encima había una pequeña abertura, por donde salía en abundancia el aroma percibido por los asistentes, y que creció en intensidad cuando el ataúd estuvo fuera. Todo el mundo se inclinó para venerar aquella preciosa madera; raudales de llanto cayeron sobre él, acompañados de besos. Por fin, le abrieron arrancando los clavos de la parte superior, y lo que quedaba de Domingo apareció a sus hermanos y amigos. No era más que osamenta, pero llena de gloria y de vida por el celestial perfume que exhalaba. Sólo Dios conoce la alegría que inundó todos los corazones, y no hay pincel capaz de representar aquella noche embalsamada, aquel silencio conmovedor, aquellos obispos, caballeros, religiosos, todos aquellos rostros brillantes de lágrimas e inclinados sobre un féretro, buscando a la luz de los cirios al grande y santo hombre que los miraba desde el cielo, y respondía a su piedad con esos abrazos invisibles que inundan el alma de intensa felicidad. Los obispos no creyeron sus manos bastante filiales para tocar los huesos del Santo; dejaron ese consuelo y honor a sus hijos. Jordán de Sajonia se inclinó sobre aquellos sagrados restos con respetuosa devoción, y los trasladó a un nuevo féretro hecho de madera de cedro. Dice Plinio que esta madera resiste a la acción del tiempo. Se cerró el féretro con tres llaves, entregándose una al Podestá de Bolonia, otra a Jordán de Sajonia, y la tercera al Provincial de Lombardía. Luego lo llevaron a la capilla, donde estaba preparado el monumento: éste de mármol, sin ningún adorno escultórico.
 
Cuando llegó el día, los obispos, el clero, los hermanos, los magistrados, los señores, se dirigieron de nuevo a la iglesia de San Nicolás, abarrotada ya de gente de todas las naciones. El arzobispo de Rávena cantó la misa del día, martes de Pentecostés, y por tierna coincidencia, las primeras palabras del coro fueron éstas: Accipite jucunditatem gloriae vestrae. «Recibid el gozo de vuestra gloria». El féretro estaba abierto, y difundía por la iglesia sublimes aromas no contrarrestados por el suave humo del incienso; el sonido de las trompetas se mezclaba, a intervalos, con el canto del clero y de los religiosos; infinita multitud de luces brillaba en manos del pueblo; ningún corazón, por ingrato que fuese, era insensible a la casta embriaguez de aquel triunfo de la santidad. Terminada la ceremonia, los obispos depositaron bajo el mármol el féretro cerrado, para que allí esperase en paz y gloria la señal de la resurrección. Pero ocho días después, a instancias de muchas personas respetables que no habían podido asistir al traslado, se abrió el monumento; Jordán tomó en sus manos la venerable cabeza del santo Patriarca, y la presentó a más de trescientos hermanos, que tuvieron el consuelo de acercar a ella sus labios, y conservaron por mucho tiempo el inefable perfume de aquel beso; porque todo lo que había tocado los huesos del Santo quedaba impregnado de la virtud que poseían.
  
Luego escribiría el beato Jordán: «También nosotros experimentamos la mencionada fragancia, y testificamos cuanto hemos visto y sentido. Aunque permanecimos de propósito por largo tiempo junto al cuerpo de Domingo, no lográbamos saciamos de tanta dulzura. Aquella dulzura disipaba el malestar, aumentaba la devoción, suscitaba los milagros. Si se tocaba el cuerpo con la mano, la correa o con cualquier otra cosa, permanecía el olor por largo tiempo adherido a ellos» (3).
  
Los notorios milagros que habían acompañado el traslado del santo cuerpo de Domingo determinaron a Gregorio IX a no retrasar más el asunto de su canonización. Por una carta de 11 de julio de 1233, comisionó para proceder a la investigación de su vida a tres eclesiásticos eminentes: Tancredo, arcediano de Bolonia; Tomás, prior de Santa María del Rin, y Palmeri, canónigo de la Santísima Trinidad. La encuesta duró del 6 al 30 de agosto. Los comisarios apostólicos oyeron, en este intervalo, y bajo la fe del juramento, la declaración de nueve religiosos de nuestra Orden, elegidos entre los que habían tenido más inti¬midad con Domingo. Eran ellos Ventura de Verona, Guiller¬mo de Monferrato, Amizo de Milán, Bonviso de Piacenza, Juan de Navarra, Rodolfo de Faenza, Esteban de España, Pa¬blo de Venecia y Frugerio de Penna. Como todos estos testigos, salvo Juan de Navarra, no conocieran al Santo durante los primeros años de su apostolado, los comisarios de la Santa Sede creyeron necesario establecer en el Languedoc un segundo centro de información, y delegaron para ello al abad de San Saturnino de Toulouse, al arcediano de la misma iglesia y al de San Esteban. Se oyeron veintiséis testigos, y más de trescientas personas respetables confirmaron con juramento y firma todo cuanto aquellos testigos habían dicho sobre las virtudes de Domingo y los milagros obtenidos por su intercesión.
 
Enviadas a Roma las declaraciones de Bolonia y Toulouse, Gregorio IX deliberó con el Santo Colegio. Un autor contemporáneo refiere que dijo en esta ocasión hablando de Santo Domingo: «No dudo más de su santidad que de la de los apóstoles Pedro y Pablo» (4).
 
Consecuencia de todos estos procesos fue la bula de canonización, expedida en Rieti, el 3 de julio de 1234 (5).
 
(54) El culto de Santo Domingo no tardó en extenderse por Europa con la bula que lo canonizaba. Se le dedicaron muchos altares, pero Bolonia se distinguió siempre en su celo por el gran conciudadano que la muerte le había deparado. En 1267, trasladó su cuerpo del sepulcro sencillo en que descansaba a un sepulcro más rico y adornado. Esta segunda traslación se verificó por manos del arzobispo de Rávena, en presencia de otros varios obispos, del Capítulo General de la Orden, del Podestá y de los nobles de Bolonia. Abrieron el féretro, y la cabeza del Santo, después de recibir sendos ósculos de los obispos y religiosos, fue presentada a todo el pueblo desde lo alto de un púlpito levantado fuera de la iglesia de San Nicolás. En 1383, se abrió por tercera vez el féretro, y la cabeza se colocó en una urna de plata para facilitar a los fieles la dicha de venerar aquel precioso depósito. Por fin, el 16 de julio de 1473, se levantaron de nuevo los mármoles del monumento, y fueron sustituidos por esculturas más acabadas, del gusto del siglo XV. Eran obra de Nicolás de Bari, y representan diversos pasajes de la vida del Santo. No las describiré. Las vi dos veces. Y dos veces, mirándolas de rodillas, sentí, por la dulzura de aquel sepulcro, que una mano divina había guiado la del artista, y obligado a la piedra a expresar sensiblemente la incomparable bondad del corazón cuyo polvo cubre.
  
Arca de Santo Domingo (Basílica de Santo Domingo, Bolonia)
   
Enrique Lacordaire OP. Santo Domingo y su Orden, Salamanca-Madrid, 1989, págs. 191-197. (Fuente: DOMINICOS.ORG)
  
NOTAS
(1) JORDÁN DE SAJONIA, Orígenes de la Orden de Predicadores, 125. (BAC, p. 125).
(2) Ibid.
(3) JORDÁN DE SAJONIA, Op. Cit., R. 128. (BAC, p. 127).
(4) ESTEBAN DE SALAGNAC, De las cuatro peculiaridades con que Dios distinguió a la Orden de Predicadores. (BAC, p. 699).
(5) El texto puede leerse en BAC, pp. 190-193.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste esclarecer a tu Iglesia con los méritos y la doctrina de tu confesor, nuestro padre el bienaventurado Santo Domingo, concédenos que, por su intercesión, no seamos privados de los socorros temporales, y que tengamos continuos progresos espirituales. Por J. C. N. S. Amén.
 

martes, 23 de mayo de 2017

CONSAGRACIÓN EPISCOPAL DE Mons. GERARDO ZENDEJAS

Como habíamos anunciado, el pasado 11 de Mayo se realizó en la capilla tradicional independiente San Atanasio en Vienna, VA (Estados Unidos) la consagración episcopal de Gerardo Zendejas SAJM por Mons. Richard Williamson, asistido por Mons. Jean-Michel Faure USML y Mons. Dom Tomás de Aquino OSB. Aquí traemos algunas de las fotos de la ceremonia (cortesía de SOLDIER OF CHRIST THE KING y CATHINFO).
  
  
Al día siguiente, fue su Primera Misa Pontifical con la tan anunciada y recurrente consagración de Rusia, cuya realización por los prelados williamsonistas nada más ser consagrados parece ser costumbre devocional de ellos.
  
  
No hubo reacción de parte de la cúpula fellayana, pero sí del ordinario conciliar del lugar: Michael Francis Burbidge, obispo conciliar de Arlington (Virginia), fulminó la excomunión contra Monseñor Zendejas (Traducción nuestra):
El 11 de Mayo de 2017, en la iglesia de San Atanasio en Vienna, Virginia, los obispos Richard Williamson, Jean-Michel Faure y Tomas de Aquino consagrarán al padre Gerardo Zendejas como obispo de una comunidad cismática, esto es, un grupo que rehúsa someterse a la autoridad eclesiástica del Romano Pontífice.
 
San Atanasio no es una iglesia en comunión con la Iglesia Católica Romana o la Diócesis de Arlington. Como obispo de la Diócesis Católica Romana de Arlington, no puedo ni recomendaré o condonaré la asistencia a San Atanasio en ningún momento por nadie en comunión con el Romano Pontífice y la Iglesia Católica Romana.
 
El obispo Williamson fue expulsado de la Sociedad San Pío X en 2012. Desde entonces se ha afiliado con una iglesia independiente formada por grupos alrededor del país. Mientras la información autoritativa sobre estos grupos es incompleta, parece que actualmente están en cisma de la Iglesia Católica, negándose a someterse a la autoridad del Papa Francisco, el legítimamente (sic) electo y gobernante sucesor de San Pedro. Bajo la ley de la Iglesia, “cisma” refiere al rechazo a someterse al Papa o a la ruptura de la comunión con los miembros de la Iglesia sujeta a él (Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 751).
 
La consagración ilícita de un obispo es un acto desobediencia grave, una ruptura de la unidad de la Iglesia y una fuente de serio escándalo. El derecho canónico prescribe: “El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latæ sententiæ [esto es, automática] reservada a la Sede Apostólica” (Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 1382). Puesto que el obispo Williamson previamente consagró al obispo Faure y al obispo Tomás sin mandato de la Santa Sede, estos tres obispos que planean participar en la consagración agendada a 11 de Mayo, cada uno está incurso en las excomuniones bajo el Canon 1382.
 
Por favor uníos a mí para orar para que los involucrados en esta consagración episcopal ilícita puedan, por la intercesión de Nuestra Señora, retornar a la unidad plena con la Iglesia Católica.
  
Desde luego, esa “excomunión” (que para los williamsonistas es una medalla de honor por su combate en la causa de la Tradición) es inválida y nula no sólo porque se funda en una norma inexistente para el Catolicismo (claro, si salió del Código wojtyliano, que solo rige para los conciliares y los ralliés), sino que proviene de una persona que se usurpa autoridad que no tiene, ya que Burbidge, al haber sido instalado (que no ordenado) presbítero y obispo con el inválido Rito Montini-Bugniniano, NO ES OBISPO NI SACERDOTE CATÓLICO, y su iglesia (la conciliar del Vaticano II) NO ES LA IGLESIA CATÓLICA.

Vale decir, desde luego, que tampoco nos alegramos mucho por la consagración ni albergamos muchas esperanzas, máxime si se sabe que al igual que Williamson, Zendejas tampoco se ve que defienda la Fe Católica Tradicional como corresponde, esto es, sin transigencias ni entendimientos con el enemigo conciliar. Y como digno colofón, preguntamos ¿El padre René Trincado será el próximo en recibir la mitra?
  
  
NOTA: La “Resistencia” liderada por Mons. Williamson se encuentra estructurada de este modo:
  • Estados Unidos: Sociedad Sacerdotal San Pío X/Marian Corps (fundada en 2012. La Resistencia en India, Asia Oriental y Oceanía es atendida por ellos).
  • Francia: Unión Sacerdotal Marcel Lefebvre (fundada en 2014. Los dominicos de Avrillé reciben las ordenaciones por ella).
  • América del Sur: Sociedad Sacerdotal de los Apóstoles de Jesús y María (erigida en 2016 por Mons. Faure).

domingo, 21 de mayo de 2017

FSSPX: LA HORA CRÍTICA

1° GUERRA EPISTOLAR EN EL DISTRITO DE FRANCIA
El pasado domingo 7 de Mayo de 2017, siete de los diez sacerdotes decanos del distrito de Francia de la Fraternidad San Pío X (David Aldalur de Burdeos, Xavier Beauvais de Marsella, François-Xavier Camper de Lyon, Bruno France de Nantes, Thierry Gaudray de Lille, Patrick de la Rocque de París, y Thierry Legrand de Saint-Malo) tomaron posición públicamente contra el decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Novus Ordo del 27 de Marzo de los corrientes (aunque extrañamente fue publicada el 4 de Abril), en el cual se reconocía validez a los matrimonios de los fieles de la Fraternidad siempre y cuando contasen con la anuencia del ordinario o el párroco conciliar para recibir el consentimiento de los contrayentes, como parte del hodierno, clandestino y ralentizado proceso de las negociaciones Roma-Menzingen para erigir la Fraternidad no como una Administración Personal (como sucedió con los traidores de Campos, Brasil), sino en Prelatura Personal (como el Opus Dei).
 
Su declaración leída en el púlpito de sus respectivas capillas, y que además contó con la adhesión de los superiores de las comunidades amigas de la Fraternidad (P. Jean-Marie, superior de la Fraternidad de la Transfiguración; P. Placide, prior del monasterio benedictino de Bellaigue; y P. Antoine, guardián del monasterio capuchino de Morgon), causó un gran revuelo, sobre todo en sus consecuencias inmediatas: El Superior del Distrito de Francia, que no se ha destacado sino por la obediencia ciega al Superior General Bernard Fellay, nominativamente Christian Bouchacourt, omitiendo que los siete decanos le presentaron el documento a su consideración y que ante la inercia del mismo se vieron precisados a publicarlo (cualquier parecido con otros casos es pura realidad), descalificó el manifiesto como “subversivo”, pidió que los fieles del distrito lo tuviesen por nada y ordenó que los decanos fueran separados de sus puestos, y el P. Patrick de la Rocque ha sido removido de sus funciones en San Nicolás de Chardonnet, siendo remplazado por el P. Paul Vassal (este Vassal estuvo en el priorato de Post Falls, Estados Unidos, y renunció en 2016 al verse involucrado en el encubrimiento de un escándalo de sodomía en el colegio que la Fraternidad dirige allá).
   
Mas ahí no acaba la cosa: El 13 de Mayo, luego de insultar por enésima vez a la Virgen Santísima y de usar a los bienaventurados videntes Francisco y Jacinta Marto como estratagema propagandística al “canonizarlos”, Francisco I Bergoglio afirmó en su tradicional entrevista del avión lo siguiente sobre la FSSPX a raíz de la pregunta que le hiciera el periodista del diario francés La Croix:
“Yo descartaría toda forma de triunfalismo. Nada. Hace algunos días, en la Feria cuarta, la llaman así porque se hace el cuarto miércoles [N. del E. Feria cuarta es CUALQUIER miércoles del mes, papanatas], de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se estudió un documento cuyas conclusiones aún no me han llegado. Yo lo estudio. Segundo, el estado actual de las relaciones es de relaciones fraternales. El año pasado di la licencia para la confesión a todos ellos también como una forma de jurisdicción para el matrimonio.
 
Pero en primer lugar, los problemas que deben resolverse en la Doctrina de la fe, la Doctrina de la Fe los resuelve, como son los casos de los abusos… Los casos de abusos nos los trasladaban a nosotros, y también en la Penitenciaría, también la reducción al estado laical de un sacerdote nos lo pasan a nosotros… Son relaciones fraternales.
 
Con Mons. Fellay tenemos una buena relación, hemos hablado algunas veces. No me gusta apresurar las cosas…, caminar, caminar…, y luego ya veremos. Para mí no es un problema de vencedores o de derrotados. Es un problema de hermanos que deben caminar juntos buscando la forma de dar pasos adelante”.
Al día siguiente, entre discusiones en el atrio antes y después de la Misa en honor a Santa Juana de Arco, cuando el P. Bouchacourt comunicó en San Nicolás de Chardonnet la decisión de remover al padre La Rocque de su puesto como capellán, un centenar de fieles (la mayoría de ellos jóvenes) se levantó de las bancas y abandonó el templo, mientras otros quince se quedaron para rezar el Rosario. Y un grupo de fieles del Distrito de Francia dirigió una carta a la Comisión Ecclésia Dei en defensa del carácter tradicional de la Fraternidad fundada por Mons. Marcel Lefebvre y rechazando la doble moral del Vaticano cisma, que pretende conceder jurisdicción para el matrimonio mientras lo destruye en el aspecto doctrinal, teológico y juscanónico -especialmente con la exhortación Amóris Lætítia y el motu Mitis Judex Dóminus Jesus-.
  
Es clara una cosa o dos, y tal vez tres: Con Ratzinger, las conversaciones con Fellay y cía. eran de índole doctrinal y con intercambio de argumentos, mas ahora con el pragmático Bergoglio, el diálogo es sobre decisiones fácticas, lo que ha hecho evidenciar las divisiones internas de la Fraternidad. Por otra parte, Fellay está claramente asustado, ya que su segundo duodecenio está por acabar, y si el Capítulo General se hiciera hoy, no lo reelegirían ciertamente, ya que son muy pocos los que quieren el acuerdo. Por ello removió a los siete decanos (a los cuales designará remplazo el próximo 15 de Agosto), por eso quiere que la prelatura se la den rápido para poder gobernar de por vida. (Mensaje recibido por correo electrónico, el remitente nos autorizó publicarlo manteniendo en reserva su identidad)
 
2° EL INSTITUTO DEL BUEN PASTOR: LA HISTORIA DE UNA FALLIDA ORGANIZACIÓN “INDULTADA” QUE FUE ENGAÑADA POR LOS CONCILIARES Y QUE AHORA SIMULA EL SERVICIO NOVUS ORDO
Si los miembros de la Neo-FSSPX de Bernard Fellay quieren saber qué les deparará el futuro si se venden a la secta Novus Ordo y su antipapa Francisco Bergoglio, necesitan ver qué le pasó al Instituto del Buen Pastor (IBP). Cinco sacerdotes-presbíteros de la neofraternidad (Paul Aulagnier, Philippe Laguérie, Christophe Héry, Guillaume de Tanoüarn y Henri Forestier) desertaron para formar este instituto bajo los auspicios de la conciliar Comisión “Ecclésia Dei”. La viuda negra deuterovaticana sedujo al Instituto hacia la secta del Nuevo Orden prometiéndole incluir en los estatutos una provisión de que sus sacerdotes-presbíteros se les permitiría solamente la medio novusordiana Misa de Roncalli y nunca en el rito protestante-masónico-pagano institucional. Pero una vez el IBP cayó en la red deuterovaticana, la iglesia conciliar renegó de su promesa. Ahora los sacerdotes-presbíteros del Instituto simulan la Nueva Misa.
 
Francia es el centro de la Neo-FSSPX. Si el Distrito de Francia se rebela, también lo harán los demás. Incluso el padre Christian Bouchacourt, Superior del Distrito de Francia, aunque es un gauleiter para Fellay, estuvo entre aquellos que en Julio de 2016 estuvieron en oposición a la propuesta capitulación fellayana ante la Neo-iglesia. Él procedió así porque sus propios priores estaban en contra del acuerdo. Muchos de los priores de Francia están contra el acuerdo. De ahí que incluso algunos de los menguantes apoyadores de Fellay ahora concluyen que su salida podría ser beneficiosa para la Hermandad.
 
¿Cuándo abrirán sus ojos los tontunos de la Neofraternidad, tanto clérigos como laicos? El problema es doctrinal. La iglesia conciliar NO ES CATÓLICA. Hasta que ella revierta hacia la Fe Católica, no debería haber compromiso con ella. Si muere y se disuelve en la neblina, quizá algunos de sus despistados miembros pueden volver al final. La misericordia de Dios es ilimitada, pero su paciencia no. (Peter, Corresponsal de TRADITIO en Canadá).

jueves, 18 de mayo de 2017

ESPAÑA HA MUERTO, Y NO RESUCITARÁ

Por José Javier Esparza para GACETA.ES Vía TRADICIÓN DIGITAL
 
Vamos, mirad alrededor: España está muerta. Todo huele a podrido. Oh, sí, claro: a nuestro lado hay millones de personas fantásticas, de trabajadores entregados a su tarea, empresarios honrados, científicos de excelente nivel, militares abnegados, jueces justos, políticos decentes… Por supuesto. Pero mirad la España institucional –esa que todos hemos elegido, esa que todos sostenemos-: no hay pilar de la vida pública que no esté corroído por la carcoma. El desorden establecido bien puede insistir en que “somos un gran país”: muchos están dispuestos a creerlo, como el enfermo terminal agradece que se le augure larga vida. Pero todo el mundo sabe lo que hay. Esto ha entrado en colapso. Hoy España ofrece el aspecto de un leproso que se arranca trozos de carne mientras grita “aquí no pasa nada”. ¿No habéis visto el color macilento de quienes nos hablan de regeneración y progreso, sus bocas sin dientes, sus cuencas vacías? España es un zombi. ¿Quizás así lo entendéis mejor?
 
Unos –cada vez menos- gritan “arriba España” pensando que ante el conjuro, en efecto, el muerto se levantará. Otros –cada vez más- cantan las glorias de un cadáver aún más putrefacto, el de la II República, creyendo con fe ciega que a fuerza de “memoria histórica” y otros pases mágicos ese muerto resucitará. Y en otros lugares vemos cosas aún más asombrosas, como el intento de construir naciones nuevas, como un Golem siniestro, a base de mitologías artificiales y población inmigrada. España se ha convertido en una asamblea de nigromantes que intentan devolver vida a la materia inerte y a la historia muerta.
  
También en los círculos del poder –político, financiero, mediático- se celebran oscuros ritos para crear un Frankenstein: maquinan una segunda transición que consistiría en romper todo vínculo con la primera –demasiado marcada por el pecado nefando del “franquismo”- y edificar una transición nueva sobre la base de un nuevo PP y un nuevo PSOE redefinidos en torno a los dogmas del pensamiento dominante, ese nihilismo blando del arrepentimiento histórico y el narcisismo de masas, ese mundo suicida –¿pero ya qué mas da?- de la gente que prefiere tener mascotas a tener hijos y tener smartphone a tener patria. Un mundo hecho a la medida de ese ser que Nietzsche llamó “último hombre”. Una segunda transición, sí, que consistirá –ya lo estamos viendo- en subordinar por completo nuestra economía a otros, supeditar sin máscaras nuestra defensa a otros, someter aún más nuestra vida pública a las redes caciquiles de los partidos, arbitrar fórmulas que permitan desgarrar el tejido nacional –moderadamente, sin tensiones, sin fatigas- en provecho de los separatismos locales, dejar que se extingan en el vacío los últimos restos de identidad nacional –esa cosa tan casposa, ¿no?, tan molesta, tan mala para la globalización- y acostumbrarnos a todos al lugar subalterno que se nos ha adjudicado. La España sin alma que podrá disolverse definitivamente en el magma de la mundialización, enunciando por última vez su nombre en el gracioso inglés que hablan los camareros en los bares de Torremolinos. ¿Y no hay oposición? Oh, sí la hay: una extraña cofradía de uniforme morado que vive obsesionada con abrir las puertas a toda inmigración, estimular la descomposición de la unidad nacional y deshacer los últimos restos de la vieja vida. O sea, una oposición que no pide sino acelerar lo mismo que desea hacer el poder. Este es el paisaje de la “segunda transición”.
 
Frente a eso, nada más que los nigromantes. Pero no, no habrá resurrección. Ninguna resurrección. No resucitará la fantasmagoría alucinada de la II República, que nunca fue ese dechado de virtudes que hoy cantan, entre vindicativos y lúgubres, sus iracundos parroquianos. No resucitará tampoco la España de Franco, que cumplió su ciclo histórico y se extinguió, porque ella quiso, preparando la llegada de la siguiente. Ni resucitará la España de la transición setentera y el “habla, pueblo habla”, que es precisamente la que ahora se está descomponiendo entre hedores de partitocracia corrupta, separatismos desaforados, economía hiperdependiente y precaria, miseria moral e ignorancia de masas. En el peor de los casos, estaremos condenados a vivir entre los Golem y los Frankenstein de los separatismos y de la “gente de orden”.
 
¿Os duele? Ya. A vosotros –a algunos, al menos-, os gustaría que vuestro nombre siga significando algo, que vuestro suelo siga siendo vuestro, que vuestra gente siga sabiendo quién es. Vosotros –algunos de vosotros- seguís queriendo tener algo a lo que poder llamar “patria”. Bien. Pues abandonad toda esperanza de resurrección. Vuestra única opción es una metamorfosis. Tenéis que cambiar no sólo de piel, sino también de órganos. Porque esta España sin nombre, sin identidad, sin hijos, sin dioses y sin tierra no va a ninguna parte. Está muerta. Y no, no la resucitará un poema.
 
¿Cómo lograr la supervivencia de España? “Hay que construir poder”
¿De verdad queréis que esto –vuestro nombre, vuestro suelo, vuestra gente- siga existiendo? Bien, pues yo os daré la receta: construid poder, que es la llave de la Historia. Nadie ahí arriba, donde se toman las grandes decisiones, ignora cómo se hace eso. Construir poder no es invadir Portugal. Construir poder es buscar tu independencia energética, favorecer una acumulación de capital que te permita lanzarte a grandes proyectos de desarrollo, promover tu industria más puntera, evitar que tu riqueza esté en manos de otros, asegurar tu autosuficiencia alimentaria. Dar a tu gente una formación excelente, tener hijos que garanticen el reemplazo demográfico, estimular a tu sociedad para que sea activa y creativa, proteger eficazmente hasta al último de tus ciudadanos garantizándole trabajo, educación, salud y alimento dignos. Cultivar la propia identidad para fortalecer el sentimiento de comunidad nacional, combatir a los que intentan romper el conjunto, que tus armas estén a tu servicio y no bajo la voluntad de terceros. Obrar de tal modo que tu socio te respete y tu enemigo te tema, como obran todos los países que en el mundo pintan algo. Todo eso puede –debe- hacerse en democracia, en paz y en libertad. Pero en España, en los últimos años, y en nombre de la democracia, la paz y la libertad, hemos hecho todo lo contrario: hemos renunciado a cualquier forma de poder nacional. Y el resultado, hoy, es que nuestra paz, nuestra libertad y nuestra democracia empiezan a ser simples caricaturas.
   
Ya sé que no es esto lo que la mayoría queréis oír. ¡Da tanta fatiga!, ¿verdad? ¡Tener hijos…! ¡Reducir deuda pública…! ¡Reconducir la educación a la disciplina…! ¡Construir poder…! Todo eso requiere una energía, una tensión y una voluntad que ya pocos quieren reencontrar. Es mucho más amable, claro que sí, seguir hozando en el lodazal de nuestra descomposición, cuyo hedor casi ni percibimos gracias a los densos sahumerios de la telebasura, el fútbol patrocinado por jeques wahabistas y el discurso adormecedor de una clase política que, caciquil, sólo vela por mantener sus densísimas redes clientelares. Es mucho más amable resignarse a esa ideología de la rendición, de la claudicación, que lleva tantos años masajeándonos las conciencias: olvidad quiénes sois -¡tan malos…!-, disfrutad de vuestro bienestar artificial, acoged al terrorista de antaño, no tenséis las cosas, dejaos consolar por el discurso sentimental con el que se envuelve el poderoso. Después de todo, es por vuestro bien.
   
¿No queréis eso? Pues bien, la decisión es vuestra: o metamorfosis o muerte. No hay más.
  
Comentario de TD: Excelente artículo que está en consonancia con nuestra línea editorial. Aunque debemos precisar que la democracia liberal-relativista, es un hecho tan contemporáneo como histórico, ha demostrado ser letal para España. No debemos idolatrar a la democracia porque no debemos ser liberales sino católicos. España ha funcionado cuando ha sido fiel a su verdadera esencia e identidad, que es su catolicidad. España rechazó a Cristo y la consecuencia de separarse de la Vida no es otra que la muerte, con sus zombis, y sus nigromantes. ¿Tan difícil es de entender?