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miércoles, 3 de mayo de 2017

RONCALLI, EL REY DE BABILONIA

Traducción del artículo publicado en CHRISTUS REX.
 
¡EN SU 1º «MAESTRO» ROMANO SE DEVELÓ LA «GESTA DEL ANTICRISTO BABILÓNICO»!
Arai Daniele
   
   
Alguno me dirá: Pero con tantos graves problemas experimentados hoy, ¿debes siempre volver a hablar del clérigo mediocre y equívoco Roncalli devenido en «papa santo»? Sí, lo debo, ¡porque de la primera falsedad masónica en el Lugar Santo deriva necesariamente toda la confusión moral en el mundo, hasta el dominio de la «gran meretriz sentada sobre muchas aguas destinada a la perdición»!
  
El hecho es que todos los problemas humanos y sociales son derivados por ayes de signo religioso, y sobre todo si conciernen a la Iglesia de Dios y la representación de su Autoridad en la tierra; ella está ordenada al bien del hombre, si falta o peor, si es alterada, entonces el mal y la mentira se difunden por todas partes, sin la voz de un juez moralmente superior que le pueda frenar, o peor, con la presencia de voces de apariencia papal o superior ellos se aceleran. ¡Ved a Bergoglio y los pinos de boliche europeos en el caso de las migraciones forzadas y otros más arruinan a Europa y el mundo!
 
Ahora regreso al propio inicio: a la banda de los cuatro modernistas en Roma.
 
En su libro «I quattro del Gesù. Storia di una eresia», Giulio Andreotti relata la saga de un grupo de seminaristas, de los cuales surgió uno que fue el instrumento para la introducción de la herejía en la Sede Romana.
 
He aquí los nombres de tales desviados, de los cuales uno fue capaz de realizar tal sortilegio: Angelo Roncalli, Giulio Belvederi, tío de la esposa de Andreotti, Alfonso Manaresi y Ernesto Buonaiuti eran cuatro seminaristas, amigos cercanos y con la misma visión religiosa modernista.
 
Los últimos dos llevaron sus ideas heréticas tan adelante que fueron censurados y excomulgados (Manaresi y Buonaiuti). Belvederi y Roncalli fueron en cambio salvados por sus protectores, en el caso de este último por el entonces obispo de Bérgamo Giacomo Radini Tedeschi, en olor de modernismo. Otro compañero de Roncalli en Bergamo fue Nicola Turchi, que tradujo al italiano al historiador Duchesne, también censurado.
 
En los años precedentes al evento de Fátima, se difundía en los seminarios católicos la torpe desviación modernista, justamente condenada por el Papa San Pío X. Su naturaleza heterodoxa derivaba de la herejía consistente en separar la Religión de la Historia, que equivale a separar la Fe de la vida civil y del destino del hombre.
   
Su vectore futuro sería el profesor Roncalli, futuro Juan XXIII bis, aquél que habría archivado en 1959 la tercera parte del Secreto de la Virgen de Fátima como inoportuna; actitud hostil al espíritu cristiano, que considera precioso todo signo celeste y muy grave la responsabilidad de testificarlo apenas es reconocido por la Iglesia como una nueva intervención divina en la historia de la vida humana en la tierra.
 
Tales signos iluminaron la historia de la Iglesia de Dios, casi desde su origen, ayudando a identificarla correctamente; confortando y sosteniendo a los fieles en las pruebas que ella siempre atravesó. Sí. El cristiano lee la historia de la humanidad a la luz de Jesucristo, su razón y guía, recordánodese sobre todo que el mundo fue creado para ser el imperio del Hombre-Dios y de su Iglesia, cuya misión es salvar a los hombres a travíes del culto del Bien, de lo Verdadero y lo Bello –en Dios Uno y Trino.
  
Porque la fe en Dios y el amor por Sus designios verificados en la historia están íntimamente ligados, se sabe que la visión histórica modernista, para la cual la religión está sujeta a la mentalidad y a las necesidades sociales y temporales, como se acusa en la «Pascéndi», desconectando lo sobrenatural de la Historia, y así también la fe, haciendo olvidar el fin de la vida del ser humano. ¡Es la tentación de excluir a Dios de la Historia humana!
 
Porque todo lo concerniente a Roncalli, del cual es posible demostrar que estaba permeado por una mentalidad modernista, que como nuncio y patriarca no escondía, y mucho menos su vecindad con la masonería, la conclusión es obvia: el aparato clerical del tiempo de Pío XII era compuesto en buena parte por modernistas camuflados o por clérigos ciegos ante los verdaderos peligros.
   
Así la Iglesia Católica quedó en breve tiempo a la merced de los modernistas, que han provisto a ocupar sus roles jerárquicos, los centros de gobierno, de estudio y de enseñanza, y todas sus posesiones y bienes exteriores, ¡para luego demolerla desde adentro con un proceso dolosamente gradual, que duró otros cuarenta años a fin de que no se levantasen reacciones peligrosas, para edificar en su lugar su iglesia conciliar con su doctrina, su derecho canónico, sus ritos, su calendario, su clero, y finalmente sus «santos papas»!
  
¡Es tal iglesia conciliar, y ella solamente, la que ha podido “beatificar” a quien inició la trasmutación clerical, el gran demoledor de la Fe, Angelo Roncalli! El hecho que Andreotti hable abiertamente de la recuperación de tal herejía prueba cómo su escalada en la Cristiandad fue devastadora; ella sustituyó a la Iglesia Tradicional con otra, conciliar y modernista.
  
¿Podría Andreotti, modernista de primer nivel, ligado al nuevo poder, no festejar la victoria de sus correligionarios? Este discurso está entonces en obra a través de la apertura efectuada por sus «pontífices» sostenidos por los poderes de la ley y de la sinagoga!
  
Como se ha dicho, se trata de la perversa victoria de la iglesia conciliar y ecumenista, que ha tomado posesión de una majestuosa e impresionante estructura religiosa que deja emocionados por sus tesoros artísticos y capacidad de apostolado a los habitantes de la tierra. Sin embargo, todo esto hoy está miserablemente vacío de espiritualidad, como un castillo de naipes expuesto a la intemperie.
LA GRAN RAMERA (Apocalipsis 17)
Vino entonces uno de los siete ángeles, que tenían las siete tazas, y habló conmigo, diciendo: «Ven, te mostraré la condenación de la gran ramera, que tiene su asiento sobre muchas aguas, con la cual se amancebaron los reyes de la tierra, y con el vino de su torpeza, o idolatría y corrupción de costumbres, están emborrachados los que habitan la tierra». Y me arrebató en espíritu al desierto. Y vi a una mujer sentada sobre una bestia bermeja, llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y de escarlata, y adornada de oro, y de piedras preciosas, y de perlas, teniendo en su mano una taza de oro, llena de abominación, y de la inmundicia de sus fornicaciones; y en la frente tenia escrito este nombre: «Misterio: Babilonia la grande, madre de las deshonestidades y abominaciones de la tierra». Y vi a esta mujer embriagada con la sangre de los santos, y con la sangre de los mártires de Jesús. Y al verla quedé sumamente atónito. Mas el ángel me dijo: «¿De qué le maravillas? Ya te diré el misterio o secreto de la mujer, y de la bestia de siete cabezas y diez cuernos, en que va montada. La bestia que has visto, fue, y no es (perecerá presto); ella ha de subir del abismo, y vendrá a perecer luego: y los moradores de la tierra (aquellos cuyos nombres no están escritos en el Libro de la vida desde la creación del mundo) se pasmarán viendo la bestia, que era y no es. Aquí hay un sentido que está lleno de sabiduría. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales la mujer tiene su asiento, y también son siete reyes. Cinco cayeron, uno existe, y el otro no ha venido aun; y cuando venga, debe durar poco tiempo. Ahora la bestia que era, y no es, esa misma es la octava; y es de los siete, y va a fenecer. Los diez cuernos que viste, diez reyes son; los cuales todavía no han recibido reino, mas recibirán potestad como reyes por una hora, (o por breve tiempo) después de la bestia. Estos tienen un mismo designio, y entregarán á la bestia sus fuerzas y poder. Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá; siendo como es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes, y los que con Él están, son los llamados, los escogidos y los fieles». Díjome mas: «Las aguas que viste, donde está sentada la ramera, son pueblos, y naciones, y lenguas. Y los diez cuernos que viste en la bestia , esos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada, y desnuda, y comerán sus carnes, y a ella la quemarán en el fuego. Porque Dios ha movido sus corazones para que hagan lo que a él le plugo; y den su reino a la bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. En fin, la mujer que viste, es aquella ciudad grande, que tiene imperio sobre los reyes de la tierra».
 
LA RUINA DE BABILONIA, Y LOS LAMENTOS QUE SOBRE ELLA SE DIRIGEN (Apocalipsis 18, 1-21)
Y después de esto vi descender del cielo a otro ángel, que tenia potestad grande; y la tierra quedó iluminada con su claridad. Y exclamó con mucha fuerza, diciendo: «Cayó, cayó Babilonia la grande; y está hecha morada de demonios, y guarida de todo espiritu inmundo, y albergue de todas las aves asquerosas y abominables: por cuanto todas las naciones bebieron del vino irritante o venenoso de su disolución; y los reyes de la tierra estuvieron amancebados con ella; y los mercaderes de la tierra se hicieron ricos con el precio de sus regalos o exceso del lujo». Y oí otra voz del cielo, que decía: «Los que sois del pueblo mío, escapad de ella, para no ser participantes de sus delitos, ni quedar heridos de sus plagas. Porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella el retorno que os ha dado ella misma; y aun redobládselo según sus obras: en la taza misma, con que os dio á beber, echadle al doble. Cuanto se ha engreído y regalado, dadle otro tanto de tormento y de llanto, ya que dice en su corazón: Estoy como reina sentada en solio; y no soy viuda, y no veré duelo. Por eso en un dia sobrevendrán sus plagas, mortandad, llanto y hambre, y será abrasada del fuego; porque poderoso es el Dios, que ha de juzgarla». Entonces llorarán, y harán duelo sobre ella los reyes de la tierra, que vivieron con ella amancebados, y en deleites, al ver el humo de su incendio; puestos a lo lejos por miedo desus tormentos, dirán: «¡Ay, ay de aquella gran ciudad de Babilonia, de aquella ciudad poderosa! ¡Ay, en un instante ha llegado tu juicio!» Y los negociantes de la tierra prorumpirán en llantos y lamentos sobre la misma, porque nadie comprará ya sus mercaderías; mercaderías de oro, y de plata, y de pedrería, y de perlas, y de lino delicado, y de púrpura, y de seda, y de escarlata, o grana, (y de toda madera olorosa, y de toda suerte de muebles de marfil y de piedras preciosas, y de bronce, y de hierro, y de mármol, y de cinamomo o canela) y de perfumes, y de ungüentos olorosos, y de incienso, y de vino, y de aceite, y de flor de harina, y de trigo, y de bestias de carga, y de ovejas, y de caballos, y de carrozas, y de esclavos, y de vidas de hombres o de gladiadores. «¡Oh Babilonia! Las frutas sabrosas al apetito de tu alma te han faltado, todo lo sustancioso y espléndido pereció para tí, ni lo hallarás jamás». Así los traficantes de estas cosas, que se hicieron ricos, se pondrán lejos de ella por miedo de sus tormentos, y gimiendo y llorando, dirán: «¡Ay, ay de la ciudad grande, que andaba vestida de lino delicadísimo, y de púrpura, y de grana, y cubierta de oro, y de piedras preciosas, y de perlas; cómo en un instante se redujeron a nada tantas riquezas!» Y todo piloto, y todo navegante del mar, y los marineros, y cuantos trafican en el mar, se pararon a lo lejos, y dieron gritos viendo el lugar o el humo de su incendio, diciendo: «¿Qué ciudad hubo semejante a esta en grandeza?» Y arrojaron polvo sobre sus cabezas, y prorumpieron en alaridos llorando, y lamentando decian: «¡Ay, ay de aquella gran ciudad, en la cual se enriquecieron con su comercio todos los que tenian naves en la mar; cómo fue asolada en un momento!». «¡Oh cielo!, regocíjate sobre ella, como también vosotros ¡oh santos apóstoles y profetas!, pues que Dios condenándola ha tomado venganza por vosotros (os ha hecho justicia)». Aquí un ángel robusto alzó una piedra como una gran rueda de molino, y arrojóla en el mar, diciendo: «Con tal ímpetu será precipitada Babilonia la ciudad grande, y ya no parecerá más».
  
Lo que quiero decir es que si aquellos clérigos pervertidos por el modernismo se consideraban capaces, en la importancia que atribuían a su mísera cultura naturalista, de separar la historia del hombre de su sentido cristiano y sobrenatural, es porque alienaron en su alma el sentido de «novíssimi». Qué espanto mortal será para ellos después de confrontarse con la «realidad» de los «ayes apocalípticos». Pero para cualquier gran jefe en el Vaticano será demasiado tarde, ya en este mundo. Para nosotros vale que estemos fuera de ella, para no ser «una cum» sus pecados y no ser golpeados por sus mismos castigos.
 
«Sic transit glória mundi»!

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)